Si hay algo de lo que Rafael Correa se arrepentirá hasta el último de sus días es de haberse granjeado la enemistad de Fernando Balda, el momento en que ordenó secuestrarlo en Bogotá. Correa no imaginó que ese adversario suyo, más bien opaco y en aquel entonces un político de muy poca monta, terminaría convirtiéndose de secuestrado en su secuestrador.
Pues sí, durante su rueda de prensa del pasado martes 3 de marzo, Balda dejó sentado que posee tanta información sensible sobre Correa (lograda por otros que lo espían y lo graban) que no es descabellado afirmar que tiene en sus manos al menos una parte del destino de quien alguna vez quiso ser dueño del suyo.
Balda, en la rueda de prensa que dio con dos diputados españoles de Vox, divulgó un video preparado por él en el que se destapa información altamente comprometedora para el ex presidente a partir de una serie de audios y chats que Correa y su ex secretario de Inteligencia, Pablo Romero, tuvieron con Julia Angulo, una correísta residente en España que, hasta ahora, era una de sus personas de mayor confianza.
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