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19 familias en Ecuador impulsan energía limpia que financia conservación

22/06/2026 El Oriente - Redacción

La iniciativa HidroAguagrún,en Intag, fue presentada en el Climate Innovation Forum durante la London Climate Action Week

El esquema se basa en una central hidroeléctrica de pasada de 300 kW que aprovecha el caudal natural del río Aguagrún / Foto: cortesía El esquema se basa en una central hidroeléctrica de pasada de 300 kW que aprovecha el caudal natural del río Aguagrún / Foto: cortesía

El esquema se basa en una central hidroeléctrica de pasada de 300 kW que aprovecha el caudal natural del río Aguagrún / Foto: cortesía

En un escenario marcado por la presión sobre los sistemas energéticos y la recurrencia de eventos climáticos extremos como El Niño, un proyecto comunitario en Ecuador busca reconfigurar la relación entre generación eléctrica, conservación ambiental y desarrollo local.

La iniciativa HidroAguagrún, impulsada por la Fundación Futuro, fue presentada en el Climate Innovation Forum durante la London Climate Action Week, donde se expuso como un modelo de energía limpia con impacto directo en la protección de ecosistemas estratégicos del país.

El proyecto se desarrolla en la zona de Intag, en la provincia de Imbabura, un territorio ubicado entre el Chocó biogeográfico y los Andes tropicales, considerado uno de los puntos críticos de biodiversidad del planeta. Allí, bosques nublados y páramos cumplen funciones clave en la regulación hídrica de más de 20 microcuencas, además de actuar como reservorios naturales de carbono.

En ese contexto, 19 familias organizadas en la Asociación Río Aguagrún diseñaron una alternativa productiva frente a la presión de actividades extractivas en la zona. El objetivo fue establecer un modelo económico que no dependa de la deforestación ni del deterioro de las fuentes de agua.

El esquema se basa en una central hidroeléctrica de pasada de 300 kW, actualmente en fase de construcción, que aprovecha el caudal natural del río Aguagrún sin necesidad de embalses ni alteraciones significativas del cauce. La infraestructura reemplazó una etapa piloto de 3 kW que permitió validar la viabilidad técnica del sistema.

De acuerdo con los impulsores del proyecto, el modelo no se limita a la generación de electricidad. El diseño establece que el 50 % de las utilidades derivadas de la venta de energía se destinen a un fondo comunitario orientado a conservación, restauración forestal y monitoreo hidrológico.

Este mecanismo busca convertir la conservación en una fuente de financiamiento sostenible. La lógica es circular: el río produce energía, la energía genera ingresos y esos ingresos se reinvierten en la protección del ecosistema que hace posible el sistema.

La estructura de propiedad también marca una diferencia frente a esquemas tradicionales del sector energético. La Asociación Río Aguagrún conserva el 90 % de participación en el proyecto, mientras que la Fundación Futuro y la Corporación Toisán aportan asistencia técnica, capital inicial y acompañamiento institucional.

Según sus promotores, este diseño busca evitar la concentración de beneficios en actores externos y fortalecer la autonomía económica del territorio. La empresa creada para la operación del sistema funciona bajo un esquema de gobernanza compartida entre organizaciones comunitarias y socios técnicos.

En términos financieros, el proyecto considera una inversión cercana a 500.000 dólares y una tasa interna de retorno estimada en 19,5 %, con una vida útil proyectada de al menos tres décadas. Su estructura de costos operativos reducidos y su escala descentralizada son presentadas como factores que facilitan su replicabilidad en otras cuencas.

Además del componente energético, el modelo incorpora un fondo de reinversión destinado a financiar nuevas iniciativas comunitarias de generación eléctrica, lo que busca ampliar progresivamente el alcance del esquema.

La propuesta se enmarca en una red de conservación del Chocó Andino que abarca cerca de 500.000 hectáreas, donde convergen organizaciones locales y actores de cooperación internacional. En ese ecosistema de colaboración se han desarrollado también otras herramientas de financiamiento ambiental y conservación territorial.

Desde la perspectiva de sus impulsores, el proyecto representa un cambio estructural en la forma de financiar la protección de ecosistemas en zonas rurales. El énfasis no está únicamente en la producción de energía limpia, sino en la redistribución de la propiedad y en la incorporación de las comunidades como actores centrales del sistema energético.

Mientras la obra avanza —con las obras de captación ya finalizadas y un 40 % del sistema de conducción instalado— el proyecto busca consolidarse como un modelo de referencia para comunidades que enfrentan simultáneamente desafíos de acceso a energía, presión extractiva y vulnerabilidad climática.

En paralelo, la iniciativa prevé certificar su producción mediante estándares internacionales de energía renovable, con el fin de integrarse a mecanismos de trazabilidad y mercados de energía limpia.

Para sus promotores, la relevancia del caso no radica solo en su dimensión técnica, sino en su estructura de gobernanza. La apuesta es demostrar que la transición energética puede ser gestionada desde lo local, con participación directa de las comunidades en la propiedad, las decisiones y los beneficios del sistema.

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