La analogía la hizo el entonces presidente Rafael Correa en enero del 2017. En uno de sus enlaces, desde España, decía que “en lo posible vamos a dejar la mesa servida al Gobierno que venga para que pueda gobernar de mejor manera...”. Seis meses después, su sucesor en Alianza PAIS y en la Presidencia, Lenín Moreno, reconoce que “no hay tal mesa servida”, que la situación económica es complicada y que se pudo ser más mesurados en el gasto.
Para Alberto Acosta Burneo, Moreno ha encontrado que no tiene mesa servida y que los anteriores huéspedes se comieron todo y más bien le ha tocado pagar la cuenta.
Los números para el analista están claros. Moreno recibe un país con un déficit gigantesco de 7,3% del PIB. Según el Banco Central, el déficit del Sector Público No Financiero (Gobierno y empresas públicas) queda en el saldo rojo más complicado de la historia: $ 7.313 millones de déficit. Correa lo recibió con $ 1.363 millones en el 2006.
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