Destacado Principal
Energía
Opinión
El petróleo no es el enemigo: el problema es producirlo sin tecnología
El debate no debe ser petróleo sí o petróleo no. Debe ser cómo producirlo con menos emisiones.
Durante años se ha instalado una narrativa demasiado simple: petróleo es igual a contaminación y actividad extractiva es sinónimo de destrucción ambiental. La ciencia demuestra que la combustión de petróleo, gas y carbón libera dióxido de carbono y contribuye al calentamiento global. Negarlo sería un error. Pero también es equivocado concluir que la única solución consiste en abandonar inmediatamente el recurso que todavía sostiene el transporte, la industria, la agricultura y buena parte de la economía mundial.
El verdadero debate no debe ser petróleo sí o petróleo no. Debe ser cómo producirlo con menos emisiones, eliminar las malas prácticas y utilizar la tecnología para convertir desperdicios en energía y materias primas.
La Amazonía ecuatoriana necesita esa conversación adulta. No una discusión ideológica desde una cafetería o una red social, muchas veces conectada a electricidad cuya generación también puede depender de combustibles fósiles, sino una discusión basada en ingeniería, medición y resultados.
La quema de gas de los mecheros
Una prioridad evidente es terminar con la quema rutinaria de gas en los mecheros. El Banco Mundial advierte que esta práctica desperdicia un recurso energético valioso y genera dióxido de carbono, carbono negro y otros contaminantes. En 2024 se quemaron mundialmente alrededor de 151.000 millones de metros cúbicos de gas, el nivel más alto desde 2007. Ese gas podría, dependiendo de las condiciones de cada campo, procesarse, reinyectarse o utilizarse para producir electricidad.
Existen incluso operaciones comerciales que emplean gas asociado que habría sido quemado para alimentar centros modulares de cómputo y minería digital. Esto no convierte automáticamente a las criptomonedas en una solución ambiental, pero sí demuestra que un gas desperdiciado puede utilizarse productivamente. La prioridad debería ser aprovecharlo de la manera que produzca mayor valor social: electricidad para comunidades, industria, procesamiento de datos o consumo del propio campo.
El petróleo como parte central de la nueva energía
Otra revolución está ocurriendo en la geotermia. Fervo Energy utiliza perforación horizontal y técnicas direccionales desarrolladas y perfeccionadas por la industria de petróleo y gas para acceder al calor del subsuelo. Su sistema busca producir electricidad geotérmica firme durante las 24 horas. La empresa ha recibido respaldo del ecosistema de Breakthrough Energy, creado por Bill Gates. La lección es contundente: el conocimiento petrolero no pertenece al pasado; puede ser parte central de la nueva energía.
También avanza la captura, utilización y almacenamiento de carbono. Estas tecnologías separan el CO? de instalaciones industriales o energéticas para almacenarlo en formaciones geológicas o incorporarlo a productos. El Departamento de Energía de Estados Unidos confirma que la mineralización puede convertir el CO? en agregados sintéticos y materiales para la construcción.
En Emiratos Árabes Unidos, CarbonCure anunció la instalación de sistemas en plantas de concreto de Abu Dabi y Dubái. Su tecnología introduce CO? capturado durante la mezcla, donde reacciona químicamente y queda mineralizado dentro del concreto. No se trata literalmente de fabricar “ladrillos de carbono puro”, sino de incorporar CO? permanentemente a materiales de construcción. Esa precisión fortalece, y no debilita, el argumento.
No existe energía libre de impactos
Tampoco existe una fuente energética totalmente libre de impactos. La producción de acero, cemento, paneles solares, turbinas, baterías y represas requiere materiales, transporte y energía. En determinados embalses, especialmente tropicales y poco profundos, la descomposición de materia orgánica puede producir metano. Esto no significa que una hidroeléctrica sea igual a una termoeléctrica, sino que toda tecnología debe evaluarse por su ciclo de vida completo.
América Central y Sudamérica emitieron aproximadamente 1.085 millones de toneladas de CO? relacionadas con la energía en 2023: apenas el 3,13 % del total mundial. La región debe contribuir a la solución climática, pero no puede aceptar que se le imponga pobreza energética mientras las grandes economías mantienen niveles muy superiores de consumo y emisiones.
Defender el petróleo responsable no significa negar el cambio climático. Significa exigir cero quemas rutinarias, control de fugas de metano, tratamiento del agua, electrificación de instalaciones, captura de carbono y restauración ambiental verificable.
El enemigo no es el conocimiento petrolero. El enemigo es producir sin tecnología, desperdiciar el gas y contaminar pudiendo evitarlo.
Ecuador no necesita menos ciencia. Necesita más ciencia, más inversión y una industria extractiva mucho más exigente.
El problema no es el petróleo, es el CO2.
Síguenos en: