La parroquia de Buenos Aires, el recinto agrícola y ganadero perteneciente al cantón Urcuquí, de Imbabura, comenzó a interesar a connacionales y extranjeros. Esto luego de que un campesino, que se encontraba en labores agrícolas, descubriera oro impregnado en las piedras, en el 2016. La fiebre del oro se expandió rápidamente, como reguero de pólvora, generando una considerable migración interna hacia esta localidad.
Sin embargo, no solo las personas ávidas de encontrar el preciado mineral estaban interesadas en llegar a este paraje andino. Estaban las empresas internacionales, como la australiana Hancock Prospecting, las canadienses Core Gold Inc. y Luminex Resources, que rápidamente realizaron acercamiento con funcionarios gubernamentales para participar en la licitación que concesionaba los sectores de Imba-2 e Imba-3. No obstante, sus aspiraciones se vieron truncadas por la avalancha de mineros informales que ocuparon la zona.
Otras organizaciones al margen de la ley, como el Ejército de Liberación Nacional, las Disidencias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), vieron una oportunidad para ampliar sus operaciones. Entonces, comenzaron a desplazar parte de sus estructuras para realizar el cobro de vacunas y el control territorial de la explotación minera.
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