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Camarón, clima y resiliencia: la nueva prueba para una industria clave en Ecuador
Con cerca de la mitad de su superficie productiva ubicada en zonas inundables, la industria camaronera de Ecuador busca fortalecer su resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
Con cerca de la mitad de su superficie productiva ubicada en zonas inundables, la industria camaronera de Ecuador busca fortalecer su resiliencia frente a eventos climáticos extremos. / Foto: Archivo
Quito – El camarón se ha convertido en uno de los principales motores de la economía ecuatoriana, pero su crecimiento también enfrenta una amenaza cada vez más visible: el clima. La posible llegada de un nuevo fenómeno de El Niño vuelve a poner en alerta a una industria que depende directamente de la estabilidad de los ecosistemas costeros.
Según la Cámara Nacional de Acuacultura, cerca del 48 % de las áreas destinadas al cultivo de camarón se encuentran en zonas inundables. De las aproximadamente 230.000 hectáreas dedicadas a esta actividad en Ecuador, entre 100.000 y 110.000 podrían verse afectadas por lluvias intensas, desbordamientos o inundaciones.
El impacto podría ir más allá de las piscinas camaroneras. Durante los primeros cuatro meses de 2026, el camarón generó $2.938 millones en exportaciones, equivalentes al 37 % de las exportaciones no petroleras y no mineras del país. Cualquier interrupción en la producción podría afectar el empleo, los ingresos de comunidades costeras y la entrada de divisas para Ecuador.
La preocupación es especialmente relevante para pequeños y medianos productores ubicados en zonas estuarinas, de playa y bahía, donde la infraestructura puede ser más vulnerable y las inversiones preventivas resultan más difíciles de asumir.
Frente a este escenario, la sostenibilidad se perfila como una herramienta de adaptación. La Cámara Nacional de Acuacultura firmó recientemente un acuerdo con Conservación Internacional Ecuador para impulsar la protección y restauración de manglares, ecosistemas que ayudan a proteger las costas, reducir el impacto de inundaciones y conservar la biodiversidad.
La iniciativa, parte del proyecto Manglares para el Clima, busca restaurar 250 hectáreas de manglar hasta 2030. Para una industria que depende de los ecosistemas costeros, estas acciones no solo representan un compromiso ambiental, sino una estrategia para asegurar su futuro.
El reto para Ecuador será mantener la fuerza exportadora del camarón mientras protege las zonas que hacen posible su producción.
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