Euador es un país que llama poco la atención. Su tasa de homicidios es baja y no hay carteles de la droga como los que han dominado la criminalidad de México y Colombia. Sin embargo, Ecuador es una de las superautopistas de la cocaína del mundo. Es tal como le gusta el narcotráfico internacional: poco ruido y bajo perfil.
Más de un tercio de la creciente producción de cocaína en Colombia llega actualmente a Ecuador, según fuentes antinarcóticos ecuatorianas. La droga sale de los puertos, las costas y los aeropuertos del país, y de allí se envía a todo el mundo, con destino a Estados Unidos, Europa e incluso Asia y Oceanía.
Detrás de este comercio hay un complejo y fluido inframundo conformado por grupos especializados y subcontratistas que son coordinados por los operadores de poderosas organizaciones transnacionales de narcotráfico y protegidos por redes de corrupción que penetran profundamente en el Estado.
Un eslabón clave en la cadena de suministro
El papel de Ecuador en el tráfico de drogas se remonta a la década de los ochenta, cuando era una ruta de tránsito para la base de coca peruana que se traficaba a Colombia, y contaba con redes de tráfico de precursores químicos que abastecían a los laboratorios colombianos que procesaban esa base hasta convertirla en cocaína.
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