Medio Ambiente

Cinco mitos sobre el bosque tropical

09/09/2019 The Washington Post - Mikaela Weisse

No, no son los “pulmones” de la tierra, ni una selva “virgen”

Foto: The Washington Post

Foto: The Washington Post

Miles de incendios arden en la Amazonía, suscitando pánico en el mundo además de ofertas de ayuda del Grupo de los Siete reunidos el fin de semana pasado. Los bosques tropicales solo cubre el 2 por ciento de la superficie del planeta; sin embargo, tienen un impacto impresionante en la provisión de hábitats, almacenamiento de carbono y la regulación del flujo de agua.  Desde las camisetas que llevan el logo “Salven los Bosques Tropicales” de los años 90, hasta la película de ciencia ficción “Avatar,” estas áreas se han convertido en el símbolo de la abundancia del medio natural, así como de su vulnerabilidad. No obstante, existen muchas ideas falsas sobre los bosques tropicales.

MITO NO. 1

Las empresas madereras provocan la deforestación.

Se suele definir a las empresas madereras “como los símbolos más emblemáticos de la destrucción de los bosques tropicales”; la Union of Concerned Scientists incluye a los “productos de madera” entre las cuatro causas principales de la deforestación. HowStuffWorks también alega que la tala de árboles “es el factor principal” de este problema. Este mito se ha enraizado en la cultura popular; la película animada “FernGully: The Last Rainforest” (FernGully: El Último Bosque Tropical) de 1992, describía a una operación maderera como la principal amenaza para la vida de las adorables criaturas que pueblan el bosque tropical.  Es verdad que la actividad maderera causa enormes estragos en la selva cuando con frecuencia se realiza de manera ilegal y causa significativas emisiones de carbono además de reducir la riqueza de la diversidad de las especies. Además a futuro puede generar aún más deforestación por la construcción de carreteras para facilitar el acceso a zonas remotas.

Sin embargo, según un estudio reciente publicado en el Journal of Science, la explotación forestal es actualmente responsable por menos del 10 por ciento de la deforestación en los bosques tropicales más grandes del mundo. Cuando ésta se produce, se cortan todos los árboles de una zona y ésta se destina a otros fines, lo que normalmente no sucede cuando, de manera selectiva, los taladores cortan los árboles que les son valiosos.

La agricultura es responsable por el 80 por ciento de la deforestación en los trópicos, en gran parte únicamente dedicada a la producción de  tres productos: aceite de palma, soja y carne. Estos bienes son generalmente comercializados a nivel internacional y se incluyen en productos de uso diario como pasta dental, champú, alimento para perros, y barras de granola.

Mito NO. 2

La selva Amazónica funciona como los ‘pulmones’ de la Tierra.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron envió un tweet en el que dijo que “la selva Amazónica – los pulmones de la tierra, que producen el 20% del oxígeno de nuestro planeta – está ardiendo,” una afirmación repetida por actores como Leonardo DiCaprio y la estrella del futbol Cristiano Ronaldo. Esta frase también ha aparecido en reportajes sobre los incendios en la Amazonía, en fuentes como CNNABC y Al Jazeera.

Aunque es verdad que los árboles producen oxígeno, también es cierto que lo consumen durante el proceso de respiración celular.  De allí, tanto microbios como otros organismos utilizan mucho del oxígeno generado por los bosques tropicales, finalmente llegando a una producción de oxígeno cercana a cero. El científico Michael Coe, del Centro de Investigación Woods Hole en Massachusetts, dijo a National Geographic que “existen varias razones por las que quisiéramos que la Amazonía se mantenga; sin embargo, la producción de oxígeno no es una de ellas”.   De hecho, según la National Oceanic and Atmospheric Administration, el florecimiento del fitoplancton estacional es responsable por más de la mitad de la producción del oxígeno atmosférico de la Tierra. 

No obstante, los bosques tropicales de América Latina, África y el sudeste de Asia, almacenan aproximadamente un cuarto del carbono del planeta y su deforestación representa más del 15% del total de emisiones antropógenas anuales de gases de efecto invernadero en el mundo.  Además influyen en la manera en que funciona la atmósfera.  Por ejemplo, el vapor de agua que liberan al aire los bosques tropicales ocasionan un incremento de las precipitaciones aún a cientos de kilómetros.

MITO NO. 3

La selva tropical es un espacio natural deshabitado

Promociones de excursiones turísticas con frecuencia se refieren a los bosques tropicales como selvas “vírgenes” y “no tocadas.” Para muchos, estos lugares son sinónimos de tierras vírgenes, paraísos que no han sido afectados por la intervención humana y por lo tanto rebosantes de vida vegetal y animal.  Este concepto equivocado ha tenido consecuencias trágicas para las comunidades locales y los pueblos indígenas.     Según un informe emitido por las Naciones Unidas en 2018, países como Perú, Panamá e Indonesia han obligado a las comunidades a abandonar las tierras que habitaron tradicionalmente a fin de crear áreas protegidas de naturaleza “virgen”.

En realidad, estas áreas no son naturalmente deshabitadas.  Seres humanos han vivido en bosques tropicales por miles de años y continúan ocupando grandes áreas dentro de ellos.  Cabe mencionar que los territorios indígenas cubren el 35% de la Amazonía.  A través del tiempo, las comunidades locales han tenido un profundo impacto en la estructura de la selva tropical.  Recientes estudios arqueológicos y ecológicos revelan que las comunidades pre colombinas modificaron la composición de las plantas de la selva Amazónica al domesticar y cultivar especies tales como la nuez de Brasil.

Según el World Resources Institute (en donde lidero estrategias y asociaciones para el monitoreo satelital en Global Forest Watch), las tasas de deforestación dentro de los territorios indígenas son entre dos a tres veces menores que en zonas aledañas. Estas regiones hacen un mejor trabajo en la protección de los bosques tropicales que las áreas en las que se prohíben las actividades realizadas por seres humanos. El conceder títulos de propiedad en los territorios indígenas podría ser una de las formas más efectivas y económicas de mitigar las emisiones de carbono.

MITO NO. 4

Las selvas tropicales están condenadas.

Es muy difícil no alarmarse al leer los títulos de las noticias sobre los bosques tropicales.  Desde el 2009, el Independent sostenía que “el destino de la selva tropical es ‘irreversible.’ ” “Estamos destruyendo los bosques tropicales a tal velocidad que podrán desaparecer en 100 años,” sostuvo el Guardian en 2017. The Economist afirma que la Amazonía está en camino a su muerte.  El año pasado el mundo perdió 3.6 millones de hectáreas de bosques primarios, un área igual al tamaño de Bélgica.

Sin embargo, algunos países han logrado ralentizar considerablemente la deforestación. Global Forest Watch informó sobre una disminución del 40 por ciento en la pérdida de bosques de Indonesia en 2018, en comparación con el promedio de deforestación entre 2002-2016, en parte gracias a la respuesta del gobierno frente a los incendios masivos ocurridos en 2015. Antes de sus recientes cambios de políticas, Brasil en efecto logró reducir la deforestación a gran escala en la Amazonía en un  70 porciento entre 2004 y 2012.

Nosotros sabemos cómo detener la deforestación, a través del incremento de medidas legales, el establecimiento de áreas protegidas, el reconocimiento de territorios indígenas, la regulación sobre sistemas de conversión agraria y el pagar a los propietarios de las tierras por servicios ambientales.  Si Indonesia y Brasil, históricamente los peores deforestadores, son capaces de cambiar las cosas, aún hay esperanza para los bosques tropicales en su conjunto.  Sin embargo, para que esto suceda, los países que incluyen selvas tropicales y los países que consumen productos básicos vinculados con la deforestación deberán cambiar de manera significativa sus políticas. 

MITO NO. 5

Necesitamos despejar la selva tropical para alimentar al mundo

Con la expectativa de que la población mundial sobrepasará los nueve mil millones de dólares para mediados de siglo, el World Resources Institute sostiene que el suministro de alimentos a nivel global  deberá incrementar en un 50%. En décadas recientes,   la mayoría de nuevas tierras agrícolas se obtuvo a través de la tala de bosques tropicales.  Un artículo publicado en Fast Company, que advierte que para el 2050 “no habrá suficiente comida” para alimentar al mundo,” sostiene que es casi seguro que “los agricultores recurrirán a la tala extendida de más bosques húmedos”. El responsable de Asuntos Estratégicos de Brasil, Maynard Santa Rosa, recientemente se refirió a la Amazonía como “un latifundio improductivo” que necesitaba ser desarrollado para actividades agrícolas, mineras y de explotación maderera.  Según Wired, “Los agricultores en Brasil inician estos incendios no por afectar la selva tropical, sino porque necesitan alimentar a sus familias”.

Sin embargo, es absolutamente posible alimentar a miles de millones de seres humanos sin expandir las actividades agrícolas en los bosques tropicales. El potenciar la productividad vegetal y animal puede ayudar al mundo a producir más alimentos en las zonas agrícolas existentes.  Por ejemplo, en América Latina algunos agricultores están sembrando pastos mejorados en los pastizales, o hasta añadiendo árboles.  Esto ayuda  a mejorar los cultivos y producir mejores pastos e incrementar el número de cabezas de ganado por acre.  El mundo también puede alterar sus patrones de consumo al reducir el desperdicio de alimentos que alcanza un tercio de lo que se pierde a nivel global y al hacer una transición hacia el consumo de productos de origen vegetal, que no demandan un uso tan extensivo del suelo como los productos de origen animal.

De hecho, la preservación de los bosques tropicales puede ser necesaria para satisfacer la demanda de alimentos.  Las selvas tropicales regulan los climas locales al dar sombra y devolver vapor de agua a la atmósfera, humedecer y refrescar el aire,  además, sirven de polinizadores a los campos aledaños.  El talar estos bosques cambia el volumen y la distribución de las precipitaciones y hace que las condiciones atmosféricas sean más secas y de elevada temperatura, lo que tiene efectos negativos en el rendimiento agrícola.  Por ejemplo, un estudio publicado en Environmental Research Letters determinó que la deforestación de la Amazonía podría reducir la productividad de los pastizales (porque disminuye las precipitaciones en el este del Brasil) y de las granjas productoras de soja (dado que hay más días en los que las temperaturas están por encima del rango óptimo). 

Cinco mitos es un reportaje semanal que desafía todo lo conocido.  Puede consultar los mitos publicados, anteriormente y leer algo más en Outlook o seguir nuestras actualizaciones en Facebook y Twitter.

Esta es una traducción no oficial realizada por Chevron. El artículo original en inglés puede ser visto aquí
 

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