lunes, 14 de septiembre de 2026
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¿Cuánto cuesta conservar la biodiversidad de Ecuador?

Canjes de deuda, fondos ambientales, bonos temáticos y recursos internacionales forman parte de una estrategia que busca reducir la dependencia del presupuesto público

Durante años, la conservación dependió principalmente de recursos estatales y cooperación internacional / Foto: cortesía

 

Ecuador tiene uno de los patrimonios naturales más importantes del planeta, pero conservarlo requiere algo más que declararlo protegido. Mantener bosques, páramos, manglares y ecosistemas marinos implica financiar guardaparques, vigilancia, investigación, restauración, infraestructura, gestión territorial y programas que permitan a las comunidades generar ingresos sin destruir los recursos naturales.

La pregunta, por eso, es económica: ¿cómo se paga la conservación de la biodiversidad?

El país ha comenzado a ampliar las herramientas utilizadas para responderla. La Estrategia Nacional de Biodiversidad 2025-2030, actualizada este año, plantea incorporar la biodiversidad en sectores como la producción, el ordenamiento territorial, la gestión del agua y las economías sostenibles. También incluye mecanismos de gobernanza, monitoreo y financiamiento.

El presupuesto público ya no es la única fuente

Durante años, la conservación dependió principalmente de recursos estatales y cooperación internacional. El problema es que esos fondos resultan insuficientes para cubrir las necesidades de un país con una extensa red de ecosistemas y áreas protegidas.

La iniciativa BIOFIN, impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), trabaja precisamente sobre esa brecha. Su propuesta para Ecuador combina optimización del gasto público, fuentes fiscales, donaciones, préstamos, inversión y otros instrumentos financieros.

La estrategia también busca que el sector financiero tenga un papel mayor. En 2025, el PNUD y la Bolsa de Valores de Guayaquil presentaron una guía para bonos temáticos. Desde 2019, las emisiones de este tipo de instrumentos en Ecuador acumularon USD 926 millones, destinados a proyectos con objetivos sociales y ambientales.

No todo ese dinero corresponde exclusivamente a conservación de biodiversidad, pero muestra que el mercado ecuatoriano comienza a desarrollar instrumentos capaces de dirigir capital privado hacia proyectos sostenibles.

Galápagos: el gran laboratorio financiero

El caso más avanzado de Ecuador es Galápagos.

En 2023, el país realizó un canje de deuda por naturaleza mediante el cual se refinanciaron alrededor de USD 1.600 millones de deuda externa. La operación generó un ahorro estimado de USD 1.100 millones que será destinado a la conservación de los ecosistemas de Galápagos.

Parte fundamental del mecanismo es el Galápagos Life Fund, creado para administrar recursos destinados a la conservación de los ecosistemas marinos y terrestres del archipiélago.

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El fondo reportó una inversión de USD 12,4 millones durante 2025. De ese monto, USD 6 millones fueron destinados a fortalecer el control y vigilancia de la Reserva Marina de Galápagos y la Reserva Marina Hermandad; otros USD 3,8 millones financiaron proyectos comunitarios relacionados con educación ambiental y pesca sostenible.

El modelo también incorpora al turismo como fuente de financiamiento. Los visitantes de Galápagos pagan un tributo de ingreso a las áreas protegidas, cuyos recursos se destinan a conservación de la biodiversidad y proyectos de desarrollo sostenible en la provincia.

La Amazonía abre otra posibilidad

La búsqueda de recursos también se está trasladando hacia la Amazonía.

El Banco Interamericano de Desarrollo aprobó en 2025 recursos no reembolsables para un proyecto denominado Capital Natural: una alternativa para el desarrollo sostenible del Yasuní. El financiamiento busca fortalecer enfoques de bioeconomía y gestión forestal en la Amazonía ecuatoriana.

La lógica es distinta a la de un fondo tradicional de conservación: el objetivo es demostrar que mantener el bosque en pie también puede generar valor económico mediante actividades sostenibles, servicios ecosistémicos y nuevas cadenas productivas.

Este enfoque resulta especialmente relevante para Ecuador porque una parte importante de la presión sobre los ecosistemas proviene precisamente de la necesidad de generar ingresos en territorios rurales.

¿Y los créditos de carbono?

Los mercados de carbono aparecen como otra alternativa, aunque requieren controles estrictos para garantizar que los proyectos representen reducciones reales de emisiones y que los beneficios lleguen a quienes conservan los ecosistemas.

El mercado internacional también está explorando mecanismos más amplios relacionados con la biodiversidad. El marco mundial aprobado bajo el Convenio sobre la Diversidad Biológica plantea movilizar al menos USD 200.000 millones anuales para biodiversidad hasta 2030, combinando recursos públicos, cooperación internacional, financiamiento privado, bonos verdes, pagos por servicios ecosistémicos y otros instrumentos.

Ecuador tiene una ventaja: ya ha probado algunos de estos mecanismos. El desafío ahora es ampliar su escala y llevarlos más allá de Galápagos.

La biodiversidad como activo económico

El cambio de enfoque es importante. La conservación empieza a dejar de verse únicamente como un gasto ambiental y comienza a tratarse también como una inversión en un activo natural.

Bosques que almacenan carbono, páramos que regulan el agua, manglares que protegen las costas y ecosistemas que sostienen actividades como pesca y turismo tienen un valor económico, aunque tradicionalmente no aparezca en las cuentas nacionales.

Ecuador ya está construyendo instrumentos para financiar ese valor. La dificultad será asegurar que los recursos sean adicionales, transparentes y sostenibles en el tiempo.