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El fracaso de las políticas está hundiendo el sector petrolero de Ecuador
La producción ha caído drásticamente en los últimos años, hasta situarse en torno a los 349,000 barriles diarios en 2025
La producción de petróleo ha seguido una tendencia a la baja debido a la falta de inversión y exploración / Foto: cortesía Petroecuador
- La producción petrolera de Ecuador está disminuyendo drásticamente debido a los fracasos de las políticas, la falta de inversión y las interrupciones operativas, y no por la falta de recursos.
- El envejecimiento de las infraestructuras, las interrupciones en los oleoductos y los riesgos medioambientales están perturbando repetidamente la producción, exponiendo la fragilidad del sistema energético del país.
- Sin reformas que atraigan la inversión y estabilicen la regulación, Ecuador corre el riesgo de aumentar su dependencia energética y perder su posición como productor petrolero relevante en la región.
Ecuador, que en su día fue un productor petrolero estable de nivel medio en América Latina, se enfrenta ahora a un declive energético estructural que se está extendiendo cada vez más a la inestabilidad regional. La producción ha caído drásticamente en los últimos años, hasta situarse en torno a los 349,000 barriles diarios en 2025, lo que representa un descenso anual del 8.5 %, mientras que las importaciones de combustible se han disparado, profundizando aún más la dependencia externa.
Esto no es consecuencia del agotamiento de los recursos. Ecuador sigue contando con reservas muy significativas y un potencial sin explotar. Por el contrario, el declive del país es consecuencia de la fragmentación de las políticas, la débil ejecución institucional y un entorno de inversión en contracción.
Las señales de alerta son claras. La producción de petróleo ha seguido una tendencia a la baja debido a la falta de inversión y exploración, agravada por las interrupciones en las infraestructuras y las ineficiencias operativas.
Al mismo tiempo, las averías en los oleoductos, los riesgos medioambientales y los problemas de seguridad han puesto de manifiesto la fragilidad del sistema, lo que ha obligado a repetidas paralizaciones de la producción y a pérdidas de producción.
El resultado es una paradoja: un país rico en hidrocarburos es cada vez más incapaz de satisfacer sus propias necesidades energéticas.
El problema fundamental radica en el modelo de explotación de Ecuador. Durante la última década, el giro hacia contratos de servicios rígidos y una participación privada limitada ha restringido la entrada de capital, reducido la eficiencia operacional y desalentado la asunción de riesgos en la exploración. Mientras tanto, la capacidad operativa en declive de Petroecuador ha acelerado la caída de la producción, especialmente en campos maduros que requieren técnicas de recuperación mejorada e inversión sostenida.
En primer lugar, Ecuador debe restablecer la seguridad jurídica y la estabilidad contractual. Los inversores necesitan condiciones fiscales predecibles y acuerdos legalmente vinculantes para comprometer capital a largo plazo. Sin ello, el país seguirá quedando al margen en un panorama de inversión global competitivo.
En segundo lugar, el Gobierno debería adoptar un modelo de delegación directa a operadores privados, al igual que en Perú e incluso en los recientes ajustes pragmáticos de Venezuela. Estos marcos permiten al Estado conservar la propiedad al tiempo que aprovecha la eficiencia, la tecnología y el capital del sector privado para estabilizar y hacer crecer la producción.
En tercer lugar, Ecuador debe completar la transición sin contrato de participación (PSCs por sus siglas en ingles). Estos contratos alinean los incentivos entre el Estado y los inversores, lo que permite compartir los riesgos de la exploración al tiempo que garantiza al Gobierno una participación en los ingresos. La actual estructura fragmentada de los contratos limita la escalabilidad y desalienta la exploración, como lo demuestra la ausencia de rondas de licitaciones significativas en los últimos años.
Por último, el país debe abordar su estrategia de integración energética en un sentido más amplio. Las tensiones actuales con Colombia y los retrasos en la interconexión eléctrica con Perú ponen de manifiesto la falta de coordinación regional en un momento en que la seguridad energética debería ser una prioridad compartida.
El declive energético de Ecuador no es inevitable. Es el resultado de las políticas y, por lo tanto, reversible.
Con la combinación adecuada de reforma institucional, modernización contractual y apertura estratégica al capital privado, Ecuador podría volver a posicionarse como un productor de petróleo relevante en la región. Sin ello, el país corre el riesgo de agudizar su déficit energético, perder ingresos fiscales y quedar cada vez más marginado en el cambiante mapa energético de América Latina.
Artículo de Nelson Baldeón para OilPrice
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