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Energía
Gas asociado en Ecuador: de la autosuficiencia operativa a una solución estructural pendiente
Ecuador impulsa uso de gas asociado, pero falta solución estructural para excedentes mediante clusters e integración energética nacional
El país seguirá enfrentando ineficiencias económicas y ambientales si no existe una infraestructura o modelo de comercialización integrado / Foto: cortesía Petrecuador
El reciente avance regulatorio que habilita a las operadoras petroleras en Ecuador a utilizar el gas asociado para generación eléctrica destinada al autoconsumo representa, sin duda, un paso en la dirección correcta. Esto es, reducir la quema del gas asociado, reducir las emisiones de CO2 al ambiente, utilizar el gas asociado en generación eléctrica, reducir el consumo de diésel en generación y recuperar los condensados del gas. Sin embargo, también abre una discusión más profunda que el país ha venido postergando por años: ¿qué hacer con el gas excedente que no será utilizado por estas mismas operadoras?
Este no es un debate nuevo. Desde hace al menos cinco años, distintos actores del sector han planteado la necesidad de abordar el gas asociado no como un subproducto marginal, sino como un recurso estratégico. En ese contexto, la solución de estructurar su aprovechamiento mediante esquemas de “clusters”, agrupando volúmenes de diferentes campos y operadores, ya había sido técnicamente considerada como una alternativa eficiente.
El problema de fondo es claro: la generación para autoconsumo, si bien reduce costos operativos y puede disminuir parcialmente el venteo y quema (mecheros), no resuelve el destino del gas remanente. En campos donde la producción de gas excede las necesidades energéticas internas, el país seguirá enfrentando ineficiencias económicas y ambientales si no existe una infraestructura o modelo de comercialización integrado.
Aquí es donde el enfoque de clusters cobra relevancia. Agrupar o recolectar el gas asociado de múltiples operadores permite alcanzar economías de escala, justificar inversiones en infraestructura de recolección, procesamiento y transporte, y habilitar usos más amplios: generación para el sistema eléctrico nacional, industrialización o incluso exportación en el mediano plazo.
Existen antecedentes concretos que demuestran tanto el interés como los desafíos de avanzar en esta dirección. Se han recibido y evaluado propuestas de inversión significativas en Petroecuador, del orden de cientos de millones de dólares, orientadas precisamente a capturar y valorizar el gas asociado del Oriente ecuatoriano. Sin embargo, estos procesos no siempre han llegado a materializarse, evidenciando la necesidad de mayor claridad institucional, estabilidad regulatoria y coordinación interinstitucional. Más allá de interpretaciones, lo cierto es que la ejecución de este tipo de proyectos requiere marcos de gobernanza robustos y previsibles.
Desde una perspectiva técnica y económica, fragmentar el uso del gas en soluciones individuales por operador puede resultar subóptimo para el país. La optimización del recurso exige una visión sistémica. Esto implica no solo habilitar el autoconsumo, sino también diseñar mecanismos que incentiven la agregación de volúmenes, una tarifa variable por cada MBTU recibido en un centro de recolección puede ser interesante para la inversión privada bajo reglas claras y la articulación con la política energética nacional.
El momento actual ofrece una oportunidad. La crisis energética regional, sumada a la presión por reducir emisiones asociadas al venteo y quema de gas, obliga a repensar el modelo. Ecuador cuenta con el recurso, la experiencia operativa y el interés del sector privado. Lo que falta es consolidar una arquitectura que transforme ese potencial en valor tangible. Recordemos también que lo óptimo es enemigo de lo bueno, si un parámetro o variable puede reducir el beneficio teórico total, no importaría si se consiguen los demás objetivos
También se debe pensar en vender el gas en sitio para aquellas empresas que deseen utilizar el mismo, en minado de bitcoins e instalar centros de datos, dejar libre su utilización, regulada por supuesto, ayudaría a eliminar los mecheros.
En definitiva, el avance regulatorio es positivo, pero insuficiente por sí solo. Si el país aspira a maximizar el valor de su gas asociado, deberá retomar, con mayor claridad y decisión flexible, la lógica de clusters como eje estructural de solución. No se trata únicamente de eficiencia operativa, sino de una oportunidad estratégica para fortalecer la seguridad energética, atraer inversión y posicionar al Ecuador en una senda más racional, más amigable con el ambiente y competitiva en el aprovechamiento de sus recursos hidrocarburíferos.
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