martes, 11 de agosto de 2026
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Perú registra una informalidad laboral de 69,8 %, según la OIT

El país se ubicó entre los tres con mayor empleo informal de América Latina y el Caribe en 2025, pese a una leve reducción frente al año anterior

En Perú, cerca del 20 % del empleo informal se genera en empresas registradas formalmente / Foto: cortesía ComexPerú

Lima- Perú cerró 2025 con una tasa de informalidad laboral de 69,8 %, uno de los niveles más altos de América Latina y el Caribe, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El indicador ubica al país en el tercer lugar regional, detrás de Bolivia, con 82,2 %, y Ecuador, con 70,1 %. Aunque la tasa peruana disminuyó alrededor de un punto porcentual respecto de 2024, la informalidad continúa siendo la principal forma de inserción laboral en el mercado peruano.

La OIT considera que este fenómeno tiene un carácter estructural y está relacionado con factores que van más allá del cumplimiento de las normas laborales. Entre ellos están la productividad empresarial, las capacidades de las unidades productivas y el acceso de los trabajadores a mecanismos de protección social.

El informe también señala que la informalidad no se concentra exclusivamente en negocios que operan fuera del sistema formal. En Perú, cerca del 20 % del empleo informal se genera en empresas registradas formalmente.

Esta situación incluye casos de compañías que mantienen trabajadores en planilla mientras utilizan modalidades irregulares para otros empleados, como pagos fuera de nómina o el uso indebido de contratos por servicios profesionales.

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Un problema que requiere varias políticas

Para la OIT, los países que mantienen niveles de informalidad superiores al 60 % necesitan estrategias que combinen desarrollo productivo, fortalecimiento de las empresas, capacitación y ampliación de la protección social.

En Perú, las medidas laborales anunciadas por el Gobierno incluyen un incremento de la Remuneración Mínima Vital (RMV), mecanismos de apoyo para las micro y pequeñas empresas y programas dirigidos al empleo juvenil.

Especialistas citados en el informe consideran que estas acciones pueden contribuir a mejorar las condiciones laborales, pero resultan insuficientes para reducir de manera estructural la informalidad.

Uno de los principales desafíos está en vincular las políticas laborales con las de productividad y educación. La brecha entre las capacidades de los trabajadores y las necesidades de las empresas, particularmente entre los jóvenes, dificulta la transición hacia empleos formales.

La OIT plantea, por ello, que la reducción de la informalidad requiere una estrategia coordinada entre distintas áreas del Estado y con participación de empleadores y trabajadores. El objetivo no sería únicamente aumentar el número de empleos formales, sino generar condiciones para que las empresas puedan sostenerlos en el tiempo.