Energía

Coca Codo Sinclair: ¿pagará la China por el inminente desastre?

21/04/2020 4 Pelagatos

Foto: 4 Pelagatos

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Unos dicen que tomará dos o tres años. Otros que apenas uno. Lo cierto es que todos coinciden en que más temprano que tarde, la feroz erosión del río Quijos, desencadenada el 2 de febrero cuando colapsó la cascada de San Rafael, terminará destruyendo la represa de captación de agua del proyecto Coca Codo Sinclair y la estación de bombeo El Salado del oleoducto transecuatoriano. Es decir, la catástrofe que faltaba al Ecuador no es algo ni muy lejano ni remoto. Si aquello ocurre el país se quedará sin la central hidroeléctrica más grande y habrá perdido una inversión pública de 2 300 millones de dólares; la más grande en la historia nacional.

Los técnicos y expertos en geología, presas y observadores de fenómenos naturales tampoco coinciden en los motivos por los que se ha producido el colapso de la cascada ni el brutal  proceso de erosión del lecho del río; de hecho, hay un debate sobre el tema. Unos expertos dicen que se trata de un fenómeno natural por las características geológicas de la zona. Otros que todo se debe a que la construcción de la presa desvió los sedimentos del río produciendo así un proceso físico al que llaman «aguas hambrientas», según el cual las aguas sin sedimentos buscan por naturaleza socavar lo que encuentran a su paso. En todo caso, los partidarios de la tesis del fenómeno natural o de la construcción de la hidroeléctrica coinciden en que, a estas alturas, las causas del fenómeno ya no importan tanto como saber qué se puede hacer para remediar o mitigar el desastre. Un desastre que parece ser inevitable, a no ser que en los diez y pico de kilómetros que faltan para que llegue la espiral erosiva, cambie la estructura geológica del terreno y la destrucción se detenga. Pero si en algo coinciden todos, también, es que eso es muy improbable.

La historia de esta tragedia anunciada es así: el 2 de febrero del 2020 colapsó una de los escenario más hermosos e impactantes del paisaje ecuatoriano, la cascada de San Rafael. A pocos cientos de metros aguas arriba del Quijos, se había producido un inmenso oramen por el que fluyó el agua del río, dejando la cascada sin agua. El fenómeno tuvo dos explicaciones. Por un lado, los que sostienen, como el geólogo Alfredo Carrasco, que se trata de un fenómeno natural, dada las condiciones volcánicas del terreno. Por otro lado, los que piensan que se trata del proceso físico llamado de «aguas hambrientas», como asegura Emilio Cobo, coordinador del Programa de Agua de la UICN para América del Sur, y un grupo de investigadores de la Politécnica Nacional que hicieron un estudio.

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