Corrupción, élites y millones: Lo que dejó el ocaso de Gerald en Ecuador

27/11/2019 InSight Crime

Foto: InSight Crime

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Betsy Maribel Prado Álava había escogido un lugar donde pensó que su familia estaría segura. Alquiló una casa en las colinas de su estado natal de Manabí, en el oeste de Ecuador, a donde solo podía accederse por senderos estrechos aptos únicamente para cruzar a pie o a caballo. Les tomó dos meses encontrarla.

Eran alrededor de las nueve de la noche de un viernes cuando un grupo de hombres armados irrumpió en la casa y abrió fuego contra toda la familia. Betsy y sus hijos escaparon entre la maleza, cuando una bala pasó rozando a su hijo de 15 años mientras huían para internarse en la oscuridad. Pero su esposo Ángel murió de 12 heridas de bala y una puñalada.

*Este artículo hace parte de una investigación de InSight Crime sobre cómo Ecuador se convirtió en uno de los principales puntos de despacho del comercio mundial de cocaína.

Los asesinos del esposo de Betsy escaparon, pero los investigadores sospechan que el responsable del ataque es el mismo que cuidaba los incontables millones de ingresos de la cocaína del hermano de Betsy: José Adolfo Macías Villamar, alias “Fito”. Se cree que Fito iba por la fortuna oculta del narcotraficante Washington Prado Álava, alias “Gerald”.

El ascenso de Gerald para convertirse en uno de los narcos más notorios que Ecuador haya producido en toda su historia fue meteórico. Pero su caída ha sido igual de espectacular, lo que pone en evidencia no solo la violencia y la traición características del tráfico de cocaína, sino también la corrupción que corroe al estado ecuatoriano desde sus mismas entrañas.

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La investigación que provocaría la caída de Gerald no se inició por un alijo de cocaína o por una contienda entre narcos, sino por el homicidio de un trabajador de la construcción. El constructor había hecho varias instalaciones especiales de seguridad en las propiedades de Gerald, donde pudiera acumular el efectivo que recibía a una velocidad mayor de la que podía legalizarlo. Cuando se perdieron varios millones de dólares de esas casas de seguridad, Gerald culpó al trabajador, y este lo pagó con su vida.

Cuando los investigadores comenzaron a indagar los homicidios, quedaron impactados cuando el rastro los llevó hasta un narcotraficante local, de Manabí, quien había ascendido a la cúspide del tráfico regional de cocaína en sus narices.

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