Politica y Economía

Ecuador en terapia intensiva y atrapado en una camisa de fuerza

08/07/2020 The Economist

Al inicio de la pandemia por Covid-19 en América Latina, en marzo y abril, Ecuador presentó ante el mundo imágenes dantescas de cuerpos tirados en las calles de Guayaquil, un puerto tropical y la ciudad más grande del país. Aunque el brote epidémico ha experimentado cierta mejoría, aún no ha concluido.

Foto: The Economist

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Luego de que el mes pasado el gobierno relajara la orden de confinamiento el número de casos se elevó, especialmente en Quito, la ciudad capital. Lo mismo está sucediendo en otros lugares en la región; sin embargo, el Ecuador enfrenta problemas adicionales.

En primer lugar, el gobierno de centro de Lenín Moreno, en el poder desde 2017, ya era débil económica y políticamente hablando aún antes del azote del virus. Otro elemento es el hecho de que el Ecuador no tiene su propia moneda a partir de la dolarización del 2000. Este cambio fue forzado por una hiperinflación y la crisis económica anterior y ha traído cierto grado de estabilidad al país. Sin embargo, también implica que cuando la recesión golpea, el Ecuador no puede imprimir dinero para amortiguarla y tampoco puede conseguir préstamos fácilmente puesto que el predecesor populista del señor Moreno, Rafael Correa, acumuló una gran deuda durante sus diez años en el poder, la misma que el gobierno ha hecho grandes esfuerzos por pagar. Por lo tanto, mientras los gobiernos en otros lugares están aflojando las riendas de las finanzas, Ecuador se ha visto obligado a cortar el gasto público precisamente cuando es más doloroso hacerlo.

El Sr. Correa gobernó durante el boom de las materias primas. Utilizó los ingresos petroleros extraordinarios para duplicar el tamaño del estado. A pesar de que una parte de los fondos fue invertida en infraestructura, algo se utilizó para expandir el empleo público y mucho fue simplemente desperdiciado y hasta robado. A pesar del despilfarro, en proporción a su población, el Ecuador se ubica apenas sobre la media en el número de médicos y bajo la media en el número de camas de hospital.

Cuando finalizó el boom de productos básicos, el Ecuador terminó con un gran déficit fiscal y una creciente deuda pública. El Sr. Moreno, un exaliado del Sr. Correa, convertido luego en su enemigo, heredó la deuda. En marzo del año pasado, su gobierno firmó con el FMI un acuerdo por 4.200 millones de dólares, pagaderos a tres años, destinados a mitigar los efectos de la reducción del déficit y para fomentar las exportaciones no petroleras al hacer que le economía sea más competitiva. Este programa de reformas muy pronto se vio frustrado puesto que en octubre, sin una preparación del ambiente político ni con el anuncio de compensaciones para los más afectados, el gobierno intentó eliminar los subsidios indiscriminados a los combustibles (en su lugar, el FMI le había instado a subir el impuesto al valor agregado). Luego de quince días de protestas y disturbios que dejaron diez muertos, el Sr. Moreno finalmente cedió.

Con el déficit nuevamente ubicado en cerca del 6% del PIB, el gobierno está desesperado por conseguir algo de fondos. Desde marzo ha podido economizar 2.5% del PIB al haber logrado acuerdos con los tenedores de bonos para posponer el pago de intereses, además del 1% del PIB por la reducción del número de horas de trabajo de los empleados públicos. La rabia del público ante los escándalos relativos a la provisión de insumos médicos ha intensificado su oposición a la subida de impuestos. En mayo, el FMI aprobó un crédito de emergencia por 643 millones de dólares. El gobierno ha obtenido un préstamo de China y un alivio adicional de los tenedores de bonos. Ha utilizado fondos del Banco Interamericano de Desarrollo para incrementar el monto de pagos a los más pobres así como el número de personas que acceden a ellos.  En un intento por impulsar la recuperación, ha introducido modestas reformas a la legislación laboral y al código de bancarrota.

Reformas poco populares son aún más difíciles dado que las elecciones generales están previstas para febrero.  No obstante, estas son de vital importancia. Augusto de la Torre, un expresidente del Banco Central, sostiene, “la dolarización es la institución más popular en mi país, aún más popular que la iglesia o el ejército”. Sin embargo añade, “por las malas, el país está entendiendo que la dolarización implica que no podemos imprimir dinero”.

No es un sustituto de la disciplina fiscal y de una economía más competitiva. El problema es que “no existe una coalición para aprobar las reformas que son necesarias”, afirma Andrés Mejía, un politólogo ecuatoriano desde King’s College en Londres. En su lugar existen lo que el denomina “alianzas fantasma” que operan a escondidas en la sombra, con partidos que se rehúsan a apoyar públicamente las medidas de austeridad pero que la facilitan calladamente. “Hacen lo suficiente para ayudar a que el país supere las situaciones de emergencia pero no lo suficiente para lograr un desarrollo a largo plazo”.

Pero el solo salir del paso podría estar agotándose como medida. Con un índice de aprobación del 19%, el Sr. Moreno ha dicho que no se presentará nuevamente en las próximas elecciones. Quizás percibiendo las dificultades que se presentan a futuro, Jaime Nebot, un poderoso exalcalde de Guayaquil, el 25 de junio se excluyó de la lista de candidatos. Luego de haber recibido una sentencia de encarcelamiento en ausencia por corrupción, el Sr. Correa, quien vive en Bélgica, está buscando un candidato que lo represente. Con los votantes muy probablemente muy enojados, a menos que surja un candidato reformista que goce de credibilidad, el escenario podría estar listo para el retorno del populismo, pero esta vez en una versión paupérrima.

Esta es una traducción no oficial realizada por El Oriente. El artículo original en inglés puede ser visto aquí

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