martes, 15 de septiembre de 2026
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El cobre transforma al sur de Perú, pero la nueva inversión enfrenta obstáculos

El crecimiento de las grandes operaciones contrasta con una cartera de nuevos proyectos marcada por conflictos sociales y trabas institucionales

Arequipa, Moquegua, Cusco y Apurímac concentran actualmente el 64 % de la producción nacional / Foto: cortesía

Lima- La producción de cobre en el sur del Perú se triplicó entre 2005 y 2025, consolidando a esta zona como el principal corredor cuprífero del país. Arequipa, Moquegua, Cusco y Apurímac concentran actualmente el 64 % de la producción nacional, impulsada por grandes operaciones como Cerro Verde, Quellaveco, Cuajone y Las Bambas.

El crecimiento responde principalmente a inversiones de gran escala. En Arequipa, la expansión de Cerro Verde, operada por Freeport-McMoRan, demandó más de USD 4.600 millones entre 2013 y 2016. En Moquegua, Quellaveco, de Anglo American, comenzó a operar en 2022 y alcanzó su régimen de producción plena posteriormente. A estas operaciones se suma la producción de Southern Copper en Cuajone y Toquepala y la de Las Bambas, operada por MMG en Apurímac.

Sin embargo, el crecimiento productivo también ha profundizado la dependencia de las economías regionales respecto de la minería. El canon minero representa una fuente importante de recursos para gobiernos locales y regionales, pero sus ingresos fluctúan de acuerdo con el precio del cobre y el desempeño de las operaciones.

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La infraestructura constituye otro de los desafíos. Las Bambas, por ejemplo, depende de una ruta utilizada para transportar concentrado hacia el puerto de Matarani, cuyo recorrido ha sido escenario recurrente de bloqueos y conflictos sociales. Quellaveco cuenta, en cambio, con un mineroducto que conecta la operación con el puerto de Ilo.

El principal desafío está ahora en incorporar nuevos proyectos a la producción. Tía María, en Arequipa, continúa enfrentando oposición social, mientras otros proyectos permanecen paralizados o avanzan lentamente. Esto ocurre pese a que el Perú mantiene una importante cartera de inversiones mineras.

El contexto internacional podría favorecer una nueva expansión. La demanda de cobre vinculada a redes eléctricas, energías renovables y vehículos eléctricos mantiene perspectivas de crecimiento, mientras la oferta mundial enfrenta restricciones.

Para el Perú, el desafío no consiste únicamente en producir más cobre, sino en generar las condiciones institucionales, sociales y logísticas necesarias para atraer nuevas inversiones y aprovechar el potencial económico del metal. El desempeño del sur durante las últimas dos décadas demuestra que existe capacidad productiva; el reto ahora es determinar si esa expansión puede sostenerse.