lunes, 21 de septiembre de 2026
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El diésel caro nos acompañara durante el 2027

La escasez de diésel podría elevar la presión sobre la inflación y los costos energéticos de Ecuador

La seguridad energética ya no consiste solamente en producir más petróleo. También requiere capacidad para transformar energía, sustituir derivados importados y reducir vulnerabilidades logísticas / Foto: cortesía

El problema mundial del diésel está dejando de parecer un shock transitorio de unas pocas semanas para convertirse en una restricción que podría acompañar a la economía global durante buena parte de 2027. La señal más preocupante no está únicamente en el precio del petróleo, sino en la combinación de inventarios bajos de destilados, interrupciones en refinerías, restricciones a las exportaciones y una logística marítima mucho más costosa.

Esto cambia la naturaleza del riesgo energético. Durante los primeros meses de la crisis, la atención se concentró en la disponibilidad de crudo y en el Estrecho de Ormuz. Si aumenta nuevamente el flujo de petróleo de Oriente Medio, Brent podría moderarse. Sin embargo, más barriles de crudo no significan automáticamente más diésel. El crudo tiene que ser transportado, refinado y convertido en productos utilizables. Y es precisamente en esa cadena donde están apareciendo los cuellos de botella.

Estados Unidos ofrece una señal especialmente relevante. Los inventarios de destilados se encuentran en niveles históricamente bajos para esta época del año y las proyecciones apuntan a que podrían permanecer bajo presión durante los primeros meses de 2027. Europa también enfrenta vulnerabilidad por su dependencia de importaciones, mientras que las interrupciones de capacidad de refinación en Rusia y Oriente Medio reducen el margen de seguridad del sistema. China puede actuar como una válvula de escape mediante mayores exportaciones de combustibles, pero esa ayuda dependerá de su política interna y de sus propios inventarios.

Por eso el escenario más peligroso no necesariamente es un Brent de US$150. Puede ser algo bastante más persistente: Brent entre US$90 y US$105, acompañado de márgenes de refinación elevados y diésel estructuralmente caro. Ese escenario mantendría presión sobre transporte, agricultura, minería, construcción e industria, y prolongaría la inflación incluso si el precio del crudo comienza a bajar. A su vez, una inflación más resistente reduciría el espacio de los bancos centrales para bajar tasas rápidamente.

Para Ecuador la implicación es particularmente delicada. El país exporta crudo, pero importa una parte importante de los derivados que consume. Por tanto, podría ocurrir una combinación adversa: recibir menos dólares por cada barril de Oriente y Napo mientras continúa pagando precios elevados por diésel importado. Eso deterioraría el “Net Energy Spread Ecuador”, presionando simultáneamente la balanza energética y el costo fiscal de los subsidios.

La conclusión estratégica es clara: la seguridad energética ya no consiste solamente en producir más petróleo. También requiere capacidad para transformar energía, sustituir derivados importados y reducir vulnerabilidades logísticas. Para Ecuador, acelerar gas doméstico para generación eléctrica, reducir el consumo de diésel y desarrollar infraestructura energética eficiente adquiere todavía más valor si el mundo entra en un período de diésel caro durante 2027.

Indicadores a vigilar: inventarios de destilados, cracks de diésel, utilización de refinerías, exportaciones de China y Rusia, fletes marítimos y flujo efectivo por Ormuz.