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El secado de granos puede consumir hasta el 50 % de la energía en la producción agrícola
Mejorar las tecnologías de secado representa una oportunidad estratégica para fortalecer la productividad y la sostenibilidad del sector
En muchas zonas rurales del país predominan prácticas de secado artesanal, basadas principalmente en el secado al sol / Foto: cortesía IIGE
Quito- El secado de granos constituye una de las operaciones postcosecha dentro de los sistemas agroproductivos, debido a su impacto directo en la calidad, inocuidad y conservación de los productos agrícolas. En Ecuador, donde la producción agrícola es un componente clave del desarrollo rural, adquiere particular importancia en el contexto de la política pública orientada al fortalecimiento del sector.
Mejorar las tecnologías de secado representa una oportunidad estratégica para fortalecer la productividad y la sostenibilidad del sector, generando un valor agregado desde origen. Desde el punto de vista energético, el proceso de secado puede representar hasta el 50 % del consumo total de energía en la producción de granos, lo que lo convierte en un punto crítico tanto para la eficiencia productiva como para la sostenibilidad ambiental.
En muchas zonas rurales del país predominan prácticas de secado artesanal, basadas principalmente en el secado al sol o en el uso de secadores rudimentarios que emplean combustibles fósiles, debido a su bajo costo de implementación. Sin embargo, estos métodos dependen en gran medida de las condiciones climáticas y ofrecen un control limitado de variables clave como la temperatura, la humedad relativa y el flujo de aire.
Esta falta de control puede afectar la calidad final del producto, aumentando el riesgo de deterioro, aparición de moho o pérdidas económicas. Además, el uso directo de combustibles fósiles en secadores artesanales puede comprometer la calidad del grano debido a la posible exposición a gases de combustión o contaminantes.
En este contexto, los sistemas de secado en Ecuador pueden considerarse funcionales, pero aún poco optimizados desde el punto de vista energético y tecnológico. En coherencia con la Política Pública de Estado para el Sector Agropecuario 2025–2034, la mejora del secado debe entenderse como un instrumento de política pública aplicada que articule innovación rural, eficiencia energética y desarrollo territorial. La incorporación de tecnologías de secado más controladas y menos dependientes del clima también constituye una medida de adaptación al cambio climático, al permitir una mayor estabilidad en la conservación y calidad de los granos.
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