La industria azucarera ecuatoriana espera alcanzar una producción de 530.000 toneladas de azúcar durante 2026, impulsada por mejoras en productividad, investigación agrícola y preparación frente a posibles eventos climáticos.
La proyección supera la producción registrada en 2025, cuando el país alcanzó aproximadamente 516.000 toneladas, según datos del sector. Las estimaciones dependerán principalmente de las condiciones climáticas durante el ciclo agrícola.
La presidenta ejecutiva de la Federación Nacional de Azucareros del Ecuador (Fenazúcar), Laura Zurita, señaló que el clima continúa siendo uno de los principales factores que pueden afectar la actividad, debido a que las labores de cultivo y cosecha dependen directamente de las condiciones ambientales.
Uno de los principales antecedentes recientes fue el impacto del fenómeno de El Niño en 2023, cuyos efectos se extendieron hasta inicios de 2024. Como consecuencia, el período de zafra se redujo de seis a cuatro meses, afectando el ritmo habitual de cosecha.
Pese a esta situación, los ingenios azucareros lograron mantener el abastecimiento del mercado nacional y evitaron una escasez del producto.
El sector asegura que actualmente cuenta con herramientas técnicas, monitoreo climático y planificación para responder ante nuevos eventos adversos.
En Ecuador existen alrededor de 110.000 hectáreas destinadas al cultivo de caña de azúcar. La mayor parte se utiliza para la producción industrial de azúcar, mientras que una menor proporción se orienta a productos como panela y alcohol.
Las principales zonas productoras se encuentran en Guayas, Cañar y Los Ríos, provincias que concentran la mayor superficie dedicada a este cultivo. También existen áreas productivas en Imbabura, Carchi y Loja.
Aunque la frontera agrícola de la caña no ha crecido significativamente en los últimos años, el sector destaca que la productividad ha mejorado mediante investigación y desarrollo de nuevas variedades más resistentes.
Además, algunos ingenios han incorporado procesos de aprovechamiento energético del bagazo de caña, un residuo de la molienda que puede convertirse en biomasa para generación eléctrica.