Quito – Los terremotos no se pueden predecir con exactitud. La ciencia aún no puede decir el día, la hora o la magnitud de un sismo antes de que ocurra. Sin embargo, lo que sí se puede medir es qué ciudades están más expuestas a daños graves.
El Global Seismic Risk Map, desarrollado por la Fundación Global Earthquake Model con apoyo de la OCDE, analiza el riesgo sísmico combinando varios factores: amenaza geológica, edificios vulnerables, población expuesta, pérdidas económicas y posibles desplazamientos.
En América Latina, Lima, Ciudad de México y Santiago de Chile destacan entre las ciudades con mayor riesgo.
Lima y Santiago. El caso más preocupante y el mejor preparado
Lima aparece como una de las ciudades con mayor riesgo sísmico de Sudamérica. La capital peruana combina varios factores delicados: alta sismicidad, suelos vulnerables, gran densidad poblacional y mucha construcción informal.
El problema no es solo que Lima esté cerca de una zona sísmica. También preocupa que muchas viviendas no hayan sido construidas con estándares adecuados para resistir un terremoto fuerte.
En cuanto a Santiago de Chile, también aparece con alta exposición, especialmente por la concentración de infraestructura, edificios y activos económicos. Sin embargo, su riesgo de fatalidades es menor que en otras ciudades, debido a que Chile cuenta con normas de construcción sismo-resistente estrictas y mejor fiscalizadas. En otras palabras: Santiago está expuesta, pero mejor preparada.
Colombia también tiene ciudades vulnerables
En Colombia, ciudades como Cali y Bogotá presentan riesgos importantes. Cali está cerca de zonas de alta amenaza sísmica, como la subducción del Pacífico y el sistema de fallas de Romeral. Bogotá, en cambio, concentra mucha población, edificios costosos e infraestructura clave. Además, algunos suelos blandos pueden amplificar las ondas sísmicas.
Ciudad de México también presenta alta vulnerabilidad. La capital mexicana está ubicada sobre un antiguo lago, con suelos blandos que pueden amplificar las ondas sísmicas. Eso significa que un terremoto lejano puede sentirse con mucha fuerza en ciertas zonas de la ciudad. Este tipo de suelo fue uno de los factores que agravó daños en terremotos anteriores.
El riesgo no es solo el temblor
La clave es entender que el riesgo sísmico no depende únicamente de la naturaleza. También depende de cómo se construye, dónde vive la gente y qué tan preparada está una ciudad. Por eso, los expertos insisten en pasar de la reacción a la prevención: mejores normas, más control de construcciones, planes de emergencia y educación ciudadana.
Un terremoto no se puede evitar. Pero sus daños sí pueden reducirse.