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México en la mira: la violencia pone en duda su rol como sede del Mundial 2026
La escalada de inseguridad en varias regiones reabre el debate sobre si la FIFA podría revisar la condición de México como anfitrión del torneo.
La escalada de inseguridad en varias regiones reabre el debate sobre si la FIFA podría revisar la condición de México como anfitrión del torneo./ Foto: cortesía
La posibilidad de que México pierda su condición de sede del Mundial de Fútbol 2026 comenzó a circular en distintos espacios mediáticos y redes sociales a partir de un mismo eje: la persistente crisis de violencia que atraviesan diversas regiones del país. Aunque no existe un anuncio oficial que indique una revisión formal por parte de la FIFA, el debate se instaló en la opinión pública y genera interrogantes sobre la capacidad de garantizar seguridad durante el evento deportivo más importante del planeta.
El Mundial 2026 será organizado en conjunto por México, Estados Unidos y Canadá, en un formato ampliado que incluirá 48 selecciones. En el caso mexicano, las ciudades confirmadas como sedes son Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Las tres cuentan con infraestructura moderna y estadios de nivel internacional, pero el desafío no es deportivo ni logístico, sino de seguridad pública.
En los últimos años, México ha enfrentado elevados índices de homicidios vinculados al crimen organizado, disputas territoriales y economías ilegales. Si bien gran parte de los episodios más graves se concentran en zonas específicas del país, la percepción internacional sobre la seguridad impacta directamente en eventos de escala global. La organización de un Mundial implica la llegada de millones de turistas, delegaciones oficiales y periodistas, lo que exige protocolos de protección excepcionales y coordinación entre fuerzas locales y federales.
Hasta el momento, la FIFA no ha emitido señales de retirar la sede a México. De hecho, el modelo de organización compartida con Estados Unidos y Canadá funciona como un amortiguador institucional ante eventuales contingencias. En escenarios extremos, el calendario podría redistribuirse entre las otras sedes norteamericanas, aunque una decisión de esa magnitud tendría consecuencias políticas, económicas y simbólicas de gran alcance para el país.
Para el gobierno mexicano, el Mundial representa una oportunidad estratégica de proyección internacional, atracción de inversiones y consolidación turística. La eventual pérdida de la sede implicaría no solo un golpe reputacional, sino también la pérdida de miles de millones de dólares en ingresos proyectados por turismo, infraestructura y consumo asociado al torneo. Por ello, distintos analistas coinciden en que el foco estará puesto en fortalecer las garantías de seguridad durante los próximos meses.
En este contexto, más que una decisión inminente, lo que existe es un escenario de observación y presión internacional. El desempeño del Estado mexicano en materia de seguridad, así como la coordinación con sus socios norteamericanos, será clave para disipar dudas. El Mundial 2026 no solo será una competencia deportiva, sino también una prueba de capacidad institucional frente a los ojos del mundo.
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