sábado, 12 de septiembre de 2026
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Diésel a US$10 el galon y la tormenta energética que golpeará al Ecuador

La presión simultánea sobre Ormuz, Bab el-Mandeb y las refinerías anticipa un nuevo choque inflacionario mundial que encontrará al Ecuador importando combustibles en niveles récord

Entre enero y julio de 2026, las importaciones de combustibles y lubricantes alcanzaron US$5.372,7 millones, un crecimiento del 35,3 % / Foto: cortesía

La fotografía de una estación de servicio en California vendiendo diésel a US$9,999 por galón podría parecer una anomalía local. No lo es. Aunque corresponde a determinadas estaciones y no al promedio estatal, representa la señal visible de una crisis que se está formando en las arterias del sistema energético mundial.

El petróleo Brent volvió a superar los US$100 por barril. Sin embargo, el riesgo no está solamente en el precio del crudo, sino en la coincidencia de tres problemas: rutas marítimas amenazadas, refinerías fuera de operación y una creciente escasez de diésel.

Los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb son hoy dos grandes fusibles de la economía global. Ormuz permite la salida del petróleo del golfo Pérsico, mientras Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el canal de Suez. Una afectación simultánea obligaría a desviar buques, elevaría los costos de transporte y seguros y reduciría la disponibilidad inmediata de energía.

Arabia Saudita construyó su oleoducto Este-Oeste precisamente para evitar Ormuz y transportar crudo hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Un ataque con drones provocó el cierre preventivo de esta infraestructura, que venía movilizando entre cuatro y cinco millones de barriles diarios. El sistema alternativo diseñado para enfrentar una emergencia también quedó expuesto.

Al mismo tiempo, los ataques contra refinerías rusas han reducido la capacidad de procesamiento y las exportaciones de derivados. La distinción es fundamental: el mundo puede tener petróleo bajo tierra y, aun así, enfrentar escasez de gasolina, diésel y combustible de aviación. Los vehículos, barcos y cosechadoras no funcionan con reservas geológicas ni con discursos presidenciales.

Estados Unidos intenta reaccionar. El número de taladros activos subió a 591, de los cuales 450 son petroleros, mientras su producción se aproxima a niveles récord. Pero aumentar la perforación no resuelve la emergencia inmediata. Las refinerías estadounidenses operan cerca de su capacidad máxima y construir nuevas instalaciones tomaría años.

Por ello, la Casa Blanca evalúa recurrir a la Ley de Producción para la Defensa para modernizar y ampliar las plantas existentes. Cuando la mayor potencia petrolera considera utilizar poderes de emergencia para producir combustibles, el mercado está enviando una advertencia bastante clara.

El diésel es particularmente peligroso para la inflación porque atraviesa prácticamente toda la economía: transporte de alimentos, agricultura, minería, construcción, industria y generación eléctrica. Su encarecimiento se incorpora sucesivamente al precio final de cada producto y reduce el ingreso real de las familias.

Ecuador enfrenta esta tormenta con una vulnerabilidad evidente. Entre enero y julio de 2026, las importaciones de combustibles y lubricantes alcanzaron US$5.372,7 millones, un crecimiento del 35,3 %. Aunque el país conserva un superávit comercial de US$2.843,1 millones, este es aproximadamente US$1.067 millones inferior al del mismo período de 2025.

El Gobierno mantiene contenidos los precios internos para proteger a las familias y dinamizar la economía. La medida ofrece un alivio real de corto plazo, pero no elimina el costo: lo traslada al presupuesto público. Si los precios internacionales permanecen elevados, Ecuador deberá financiar mayores subsidios, incrementar deuda, elevar ingresos tributarios o permitir ajustes futuros.

La solución estructural no consiste en celebrar combustibles artificialmente baratos mientras cae la producción nacional. Ecuador necesita atraer inversión, recuperar producción petrolera, ampliar almacenamiento, mejorar su capacidad de refinación y proteger su balanza energética.

Las crisis no comienzan cuando desaparece el petróleo. Comienzan cuando fallan simultáneamente las rutas, la refinación y la capacidad de respuesta. Los dos estrechos ya están bajo presión; el diésel está enviando la advertencia y Ecuador continúa pagando una factura cada vez mayor.